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Le han llamado el Jimi Hendrix de la gaita, gaitero universal, pero lo cierto es que CarlosNúñez es mucho más que un músico, es un virtuoso, apasionado, maestro de maestros, intelectual no sólo en materia de música e instrumentos sino en el sentido más profundo y antropológico del mundo celta; desde sus más lejanos orígenes hasta el día de hoy.

Si cada concierto que ha dado en Buenos Aires ha ido teniendo año a año o visita más repercusión, la sala llena del Teatro Colón ha sido el fiel reflejo de lo que un artista carismático puede lograr aún cuando se trata de un género que no es de lo más escuchado en el Buenos Aires del 2020. Claro está que ésta es tierra fértil para escuchar gaitas o al menos tener sed de ellas, teniendo en cuenta que- según contó el propio Carlos en esta inolvidable función- fue ésta la ciudad que allí por 1964 acogió el Primer Festival Intercéltico del Mundo.

Ese, entre muchos otros datos, se lleva el público de Carlos que con su vocación pedagógica a flor de piel toca, interpreta y no puede evitar enseñar a la vez que vibra en
el escenario. Lo mismo sucedió unos días antes cuando dio una charla magistral en la Embajada de España y por más de una hora tuvo cautivos a todos los presentes revelando aspectos de la música que viene estudiando hace mucho tiempo y su visión sobre la necesidad de revalorizar la música tradicional como tesoro identitario.

Había prometido un repertorio especial para semejante coliseo con obras desconocidas de Beetovhen y así invitó a un viaje interpretando partituras casi desconocidas que
viajaron desde Viena hasta los países del mundo celta y aunque este repertorio fuen novedos y muy apropiado para el Teatro Colón no faltaron otras creaciones propias, como la música de la premiada película Mar Adentro ni tampoco lo más tradicional en una fiesta colectiva de la que participaron los gaiteros más representativos de Argentina.

Su generosidad le ha permitido en la visita anterior hermanarse con músicos populares de Argentina e invitarlos a compartir tablas y esta vez redobló la apuesta compartiendo escenario con la Sinfónica del Teatro Colón, con colegas de Galicia, del País Vasco y con las agrupaciones de gaitas de Galicia, Asturias, Escocia e Irlanda en Buenos Aires.

Además de convocar a un violinista argentino prodigio que con tan sólo 18 años tuvo un
lugar destacado en la escena. En esta atmósfera llena de magia el público también subió al escenario tras una fuerza que emanaba de las butacas y palcos. En una especie de
baile circular al son de gaitas y flautas una ronda fraternal surgió del público que empezó a bailar con un simple movimiento hasta llegar al escenario, una imagen para el recuerdo totalmente inédita en este gran coliseo que sólo la magia de Carlos Núñez podría lograr.

Tras halagos a Argentina y su visión sobre estas latitudes llegó su clásico fin de espectáculo mezclándose y abrazándose con su público, la calidez, la sencillez y nobleza que lo identifican hacen que sus seguidores pidan una próxima visita aún
cuando no se ha ido.

La música de Carlos Núñez será siempre un disparador de grandes emociones para
quienes llevamos algo de celta en nuestros orígenes pero también para cualquier persona
sensible abierta a disfrutar de músicas ancestrales ejecutadas con la elegancia de un maestro erudito. Un gran maestro que será recordado por llevar este género por primera vez al teatro Colón y por ser posiblemente uno de los más grandes embajadores de su tierra.

por Gisela Gallego

Fotos: @alepalaciosfoto


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